Ser presidente

Con independencia de las ideas, de las convicciones o del color político, el presidente de un país no solo debe ser una persona eficaz; también debe parecerlo. Tiene que ser capaz, por ejemplo, de articular discursos tan astutos que 'toquen' tanto al intelectual como al iletrado, al escritor y al albañil, al cirujano y al ama de casa. Y ha de hacerlo, si las condiciones lo requieren, con premura.

Que para algo es el primus inter pares, coño.

Ayer, cuando Rodríguez Zapatero anunció elecciones cuasi inminentes, a Rajoy se le quedó un balón botando en el área con el portero descolocado. Vamos, que solo tenía que empujarla.

Y es que después de muchos, muchos años, el presidente del Partido Popular aparecía en escena no como el sucesor de Aznar o el rival de Zapatero, sino como el próximo presidente del Gobierno español.

Pero cuando la situación le pedía algo más que su habitual mediocridad sucedió lo mismo que en los debates con Zapatero, lo mismo que en el escándalo de Valencia, lo mismo que en la entrevista de Pedro Jota: que Mariano no remató ese balón a puerta, sino que lanzó una patada al aire y se cayó de culo.

Con todas las miradas de España puestas en él, el gallego desperdició los primeros tres minutos de la rueda de prensa, a la sazón los más importantes, en absurdas repeticiones de lo que todos ya sabemos.

La ignominia se resume en esta frase, absolutamente vacía de contenido: "Yo quiero decirles, hoy, a todos los españoles, que soy consciente de que el Gobierno que salga de estas elecciones tendrá una tarea muy difícil, porque España tiene muchos problemas" (1:48).

Después, seis minutos más de medidas tan inconcretas como prefabricadas, propias de un funcionario que al que han encargado una presentación en PowerPoint y quiere finiquitar cuanto antes. No sale en el vídeo, que está editado por el propio PP, pero hubo un momento en el que, al ser preguntado por medidas concretas, Rajoy respondió: "Las que todos ustedes conocen".

Leer más...