El precio de la verdad

Vaya por delante que coincido con los relativistas en aquello que no existe una realidad absoluta, sino un conjunto ilimitado de realidades condicionadas por la percepción de cada individuo.

Usemos un viejo paradigma periodístico: el señor que muerde al perro. A mi puede parecerme una atrocidad, pero quizá tú pienses que el cánido se lo estaba buscando. Es más, puede que un tercero que pasaba por allí se solidarizase con el señor y le pegase otra buena dentellada en el lomo al animal.

Así que, según se mire, el señor puede ser un cafre, un hombre justo o un héroe.

No obstante, sí existe un hecho objetivo: el señor mordió al perro.

Sobre la creación y posterior mantenimiento del estado de Israel existen tantas versiones que uno no podría conocerlas todas ni aún viviendo 100 años. Pero también existen hechos objetivos.

No quiero insultar vuestra inteligencia repasando la Historia Moderna. Todos sabéis cómo se creó Israel, en qué circunstancias y quiénes le apoyan. Y no es difícil deducir los porqués del asunto, sobre todo si se cuentan con unos mínimos conocimientos de geopolítica, estrategia militar y economía.

Sin embargo en Occidente hay factos que no se pueden decir en voz alta. Ni tú, ni yo, ni nadie. Ni siquiera contando con un aval profesional de más de 50 años.

Hoy, en periodismo, el precio de la verdad sigue siendo demasiado alto.

No os hagáis periodistas.