Tan impopulares como necesarias

Se precipita el final de este caótico 2009 al tiempo que dos medidas van tomando forma en nuestro cuerpo legislativo. Ambas impopulares, feas, de esas que lucen el cartelito de 'prohibido' en su formulación y desatan los argumentos liberticidas del personal. Os estoy hablando de las leyes anti tabaco y anti toros.

Y es que es muy sencillo echar mano del 'prohibido prohibir' del 68 sin mediar una reflexión sobre los límites de la libertad.

Decía un profesor mio de derecho de la información que la libertad de uno acaba donde empieza la del otro. En esta línea de razonamiento discurre la ley anti tabaco que el Ministerio de Sanidad pondrá en vigor en apenas 15 días: ni un solo cigarro bajo techo en todo el país. A nivel personal, como fumador y barófilo, la medida me golpea directamente en la genitalidad y me lleva al desánimo: soy de ésos a los que el pasar del frío de la calle al cálido humazo de un bar les reconforta a tutiplén. Pero los datos demuestran que mis caladas inciden negativamente sobre la salud del personal, y comprendo que es tarea del Gobierno poner freno al abuso. Es un fin justo y necesario, si bien los medios son de una chapucería alarmante. No olvidemos que esta reforma trató de imponerse hace poco con paños calientes, que por entonces pasaban por separar a los fumadores del resto. ¿Qué será de aquellos empresarios que, siendo rigurosos con la ley, invirtieron lo suyo en mamparas, sistemas de ventilación y demás zarandajas?

De abusos trata la segunda norma, por ahora circunscrita a Cataluña: la prohibición de los toros. Han tenido que pasar doce siglos antes de que cualquier autoridad nacional se enfrente a nuestra queridísima 'Fiesta', pero por fin nos movemos en la dirección correcta. Todavía habrá que desarmar mil veces los argumentos falaces del sector más retrógrado, el que se escuda en que los toros son parte de nuestra "identidad nacional". Lo llaman "tradición" y lo califican de "arte" para circunvalar lo evidente: el maltrato animal. "Los taurinos somos los que más queremos a los toros", sostienen sin pizca de vergüenza. Una vergüenza que no debe existir, pues tampoco les brota al observar cómo su admirado animal se desangra para regocijo de multitudes. Sin embargo, el hecho de que Charles Manson fuera el mayor admirador de sus víctimas no le ha salvado del entrulle crónico.

Que el movimiento antitaurino esté cogiendo cuerpo en Cataluña, lugar plagado de pérfidos independentistas como todo el mundo sabe, es circunstancial. Seguramente a éstos les mueve una ambición política, pero no olvidemos que lo que enfrentan no es el jamón serrano ni la siesta, sino la España más oscura. La que defiende la tortura del toro como un derecho individual, porque "siempre se ha hecho" y ve gracioso lanzar una cabra desde un campanario o enzarzar a perros hasta la muerte. Y los que nos oponemos somos, por norma, rojos-independentistas-subversivos-vegetarianos con ganas de tocar los huevos y deberíamos pasar la eternidad en el purgatorio por opinar -¡e incluso criticar!- algo que no comprendemos en absoluto. Somos tan estúpidos que no podemos separar la muerte del animal, ya de por sí bella, de la armonía, el arte y el espectáculo de la fiesta nacional. No nos entra en la cabeza, qué se le va a hacer, y lo peor de todo es que la democracia deja hablar a ignorantes de nuestro calibre...

Estas dos leyes, de aprobarse y cumplirse (que ésa es otra), vienen a poner coto a la España de la pandereta, también caracterizada por la bebida barata, el fraude fiscal, los políticos corruptos y los curas poderosos.

Y es que como en España no se vive en ningún sitio.

7 comentarios:

Martínez dijo...

Mi experiencia yanqui es que la ausencia de humo le viene muy bien a la night life (qué decir de nuestro olor personal), y que los fumadores no lo pasan tan mal. Incluso se inventan trucos como hacer fogatas al calor de las cuales proseguir la fiesta: prometo haber disfrutado el finde pasado de una en el patio del Union Pool aquí en Williamsburg.

En cuanto a los toros... Supongo que albergo un fondo de rancio casticismo, porque aunque reconozco el maltrato animal, siento una especie de atracción telúrica por el rito. En cualquier caso, creo que a muy pocos antitaurinos les importa de verdad el sufrimiento del ganado bravo (afirmación con vocación polémica). Me temo que una vez más el asunto es esencialmente político.

Guyb dijo...

Ya sé que muchos sentís una pulsión irrefrenable por lo taurino: "la música, los coloresn, el respeto" solís decir.

Me parece perfecto, y yo vería bien que siguiéseis a ello si no se le clavasen cosas al animal en ningún momento.

¿Cuándo regresas, Mazursky?

Martínez dijo...

¡Hey! ¡¿Qué hay de mi trapo político?! Mira lo que dice Espada hoy (que sí, que ya sé que es un facha irredento, ¿no?): "Los toros no tienen ninguna importancia práctica: unas docenas de animales muertos cada verano, cuatro perversos que disfrutamos de ellos, un negocio delicado, una afición tranquila que ya no quema conventos después de la corrida… Los toros sólo tienen importancia simbólica. Los toros son España. Y España es este desgarro inacabable, como los toros igualmente pasional. ¿Alguien puede entender seriamente que haya independentistas en Cataluña, un lugar técnicamente independiente desde hace años? Nadie puede entenderlo. Organizar encuestas independentistas y prohibir las corridas de los toros obedece a la misma tremenda españolidad de Cataluña. La necesidad persecutoria del otro. Este tira y afloja permanente que es el auténtico ser de España".

En cuanto al nosotros no puedo comentar mucho, pero de mí no diría que siento por los toros una pulsión irrefrenable: no es que yo sea aficionado precisamente... Simplemente una simpatía, que tampoco es poca cosa. Aterrizo el próximo miércoles por la mañana. ¡Esto se acaba!

Guyb dijo...

Sí, es obvio que este tipo de decisiones tienen como objetivo renegar de lo español. Pero bueno, ya te digo que es una de las costumbres que me avergüenzan de ser español y apoyo su decisión.

De todos modos tampoco es necesario prohibirla, porque en un par de generaciones no existirá "la Fiesta".

Y no, la opinión de Arcadi en temas catalanes es bien sabida por todos y no me convence. Está muy quemado.

De todos modos ya discutiremos tete-a-tete sobre tu inexplicable admiración por este individuo...

Reviravolta dijo...

No se puede fumar, no se puede beber, no se puede conducir rápido, no se puede follar pagando, no se pueden comer hamburguesotas triples, no se pueden lanzar animales desde edificios... Para mí "prohibir" no solo no es necesario en muchos casos, si no que además es un coñazo.

Sin yo ser nada taurino si hay una cosa que me hace gracia: A los toros en un matadero se les sacrifica metiéndoles una barra electrificada por el ano. Mucho más "digno", donde va a parar.

O a los cerdos o a los pollos, que he visto sacrificar alguna vez... Tampoco me parecieron muertes muy dignas. El rollo ese de la muerte digna me parece un poco gilipollez, a ningún animal se le mata con cariño.

Y lo de fumar, pues aunque yo he dejado de fumar tampoco entiendo por qué no puede haber soluciones intermedias. Creo que hay un término medio entre no defender a los no fumadores y el "linchamiento" de los que "gustan de un buen pitillazo". Para mí la ley estaba bien como estaba, con sus zonitas de no fumadores (que yo siempre usé), sus sitios habilitados en los aeropuertos... Tanto prohibir y prohibir, al final nos vamos a arrepentir. Y luego "des-prohibir" ya no es nada fácil...

Si yo fuese político mi meta sería "hacer del mundo un lugar menos coñazo", y no viceversa.

Olmo dijo...

Qué atinado post, sí señor, Guyb.Hacía que no pasaba por aquí y me ha complacido comprobar que tu friquismo sigue siendo directamente proporcional a tu lucidez. Sólo un pero: ¿qué clase de palabro es barófilo?

Sigue bien, Alfredito

Guyb dijo...

Un barófilo es un amante de los bares, claro está. :P

Un besito Guille, ¡a ver si nos vemos!