A cara o cruz

Si Alberto Ruiz Gallardón hubiese conseguido las Olimpiadas, habría sido el alcalde que recobró el esplendor de Madrid, el que llevó los transportes a donde no llegaban ni las cabras, el que modernizó una ciudad que había perdido el carro del futuro, el que se adelantó al mundo concediendo derechos a los homosexuales (también conocidos como maricones), el que consiguió el sueño olímpico para los madrileños, el que mejoró las infrastructuras de todo el casco urbano, el que devolvió la transitabilidad a la M-30, el que hizo de la Casa de Campo un espacio para el deporte...

Si Alberto Ruiz Gallardón no consigue finalmente las Olimpiadas, habrá sido el alcalde que endeudó con sus obras faraónicas al ciudadano, el que plagó de parquímetros los suburbios, el que hizo del Ayuntamiento un club de compadres, el que por primera vez cobró la recogida de basuras, el que dispersó radares por todas las calles de Madrid, el que quiso pasar a la Historia a costa de todos, el que dejó las instalaciones deportivas en manos privadas, el que limitó las ayudas a los mayores, el que enturbió las relaciones con la Comunidad por un problema personal...

Y digo yo que habrá un término medio.