Nuestra realidad

Trabajo en la Plaza de la Lealtad y, cada mañana desde hace meses, tengo que fumar entre protestas. Al parecer la plaza, entre la Bolsa y el Prado, ofrece comodidades a la muchedumbre embravecida, que se deja habitualmente caer por aquí para poner los puntos sobre las íes al empresario de turno. Trabajadores de ABC, de Samsung, sindicatos por la sanidad pública... hasta el intocable hotel Ritz paga esta semana el precio social de sus despidos.

Siempre que me encuentro con una nueva manifa les pregunto de qué va la bola, y la respuesta es tan trágica como desalentadora: no tienen con qué alimentar a sus familias. La mayoría se martiriza pensando en qué hizo mal, por qué se van a la calle y otros compañeros no. Son gente cuyo único delito consiste en haber aparecido en el E.R.E. que toca. Lo sorprendente es que esta injustica, aún cercana y recurrente, apenas conmueve al ciudadano; estamos más que hechos a esta sociedad deshumanizada donde prima el sálvese quien pueda y el horizonte está delimitado por las vacaciones de verano.

Se trata de una hipermetropía social que únicamente nos permite ver y opinar sobre lo lejano. Solo así se puede explicar que, con la que está cayendo, se vean opiniones como la de Pablo López sobre el futuro laboral de David Villa. Ojo, que no quiero caer en la demagogia de "se pagan 97 millones por fulanito y en África pasan hambre". Simplemente me parece asombroso que se reclame un trato especial para un trabajador que renovó- voluntariamente y al alza, of course- su contrato el año pasado. No es culpa de Pablo López, ni mucho menos. Es una historia vieja. El conflicto laboral de Villa supone el paradigma de una sociedad que vive, cada vez más, a través de los medios.

De unos medios que escriben para nosotros, pero no sobre nosotros. No lo olvidéis.

2 comentarios:

Martínez dijo...

Apoyar a los trabajadores sacrificados bajo la coartada de la crisis por el opulento Ritz no nos debe impedir someter a espíritu crítico la lacrimógena cantinela del alimento de los hijos... ¡Que estamos en un Estado social! O eso dice la Consti.
En cuanto a la preocupación del ciudadano por los padecimientos del prójimo, enfoquemos y pensemos en la preocupación del ciudadano/trabajador que permanece en su puesto por la suerte del compañero defenestrado... Como decía Trecet hace unos meses y reprodujimos convenientemente, una de las cosas que más miedo puede dar en la vida es "el miedo que atenaza a la gente cuando sus trabajos están en peligro y quieren protegerlos". La condición humana de los cojones.
Hoy pasé por allí y me encantó en cualquier caso el efecto de las sirenas puestas en el vano de los ventanucos del semisótano del Ritz. Al ver unas pegatinas de CC.OO. pegadas en la verja del jardín del hotel me acordé de cuando mis padres, ambos señalados sindicaleitors, me llevaban a citas parecidas y yo me obstinaba en despegar esas dichosas estampitas que afeaban tan bonitos edificios... Uno ya nació de orden, no cabe duda!
Por cierto, ¿ya vives en el ilustre e ilustrado barrio?

Rubén de Vicente María dijo...

Yo me pregunto: ¿qué están haciendo los sindicatos? Reconozco que soy bastante iletrado en el tema sindical y carezco la experiencia del vecino de arriba de este comentario, pero, ¿no deberían estar presionando un poco más?