Y dale con la altura

Severísimo correctivo el recibido ayer por Argentina, que cayó derrotada 6-1 ante la débil Bolivia en La Paz. Entro en Clarín para refocilarme de las desgracias de Maradona, siempre necio e irritante, y encuentro la excusa de siempre dispersa por toda la web: ¡¡la altura!!

La Selección fue una sombra y esta tarde, en La Paz, sufrió una de las derrotas más duras de su historia ante un equipo de esos Clase C que, de no ser por los 3.680 metros, tendría muchos menos puntos de los que tiene ahora.
Años, décadas, llevan los equipos sudamericanos desviando sus culpas a la altitud de la capital boliviana. ¿Tan difícil de comprender es que la capital de Bolivia se erige 3.600 metros sobre el nivel del mar?

Sí, la respiración se dificulta y el desgaste físico es mayor... para ambos equipos. "Los bolivianos están acostumbrados", esgrimen los afectados pasando por alto detalles como que el jugador que ayer les hizo tres goles, Joaquín Botero, lleva cinco años jugando en México. En Bolivia hay altura, en Rusia se juega con nieve y en el mundial de Sudáfrica va a hacer un calor de escándalo. Son las cosas del fútbol y no valen para justificar derrotas.

Si los argentinos quieren buscar culpables, que reflexionen sobre la adecuación de entregar las riendas del equipo nacional a un tipo que no supo dirigir su propia carrera.

4 comentarios:

Martínez dijo...

"Necio e irritante" son palabras que describen perfectamente al personaje; también a los que le rinden pleitesía (Ma-ra-do-na-no-es-una-per-so-na-cual-quie-ra, blablabla, Calamaro dixit), que vienen a ser los mismos que le han puesto en la selección, y los que le colocaron de anchorman en bochornoso show televisivo, y los que retorcieron argumentos para explicar a sus hijos adolescentes por qué el semidios era politoxicómano... Vamos, por aclamación, media Argentina.

Guyb dijo...

Bueno, es un ídolo, y la exaltación religiosa no entiende de actitudes reprochables.

Diego, la persona, es un completo ignorante que tuvo suerte pateando el balón. Muy bien pateado y en un momento muy indicado, pero nada más que eso: golpear un balón.

Los demás atributos se le han adjudicado alegremente; y él, que ya sospecha de su estulticia, debería haberse guardado.

Porque los ídolos lucen más en un museo y, cuando se dejan manosear, pierden brillo.

Zarpas dijo...

Poeta

dada24 Xu dijo...

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