Los dieciséis pasos de Barry

No sé quién carajo es David Barry, columnista sindicado, pero me ha gustado mucho su post "Dieciséis cosas que tardé cincuenta años en aprender".

  1. Nunca, bajo ninguna circunstancia, tomes una pastilla para dormir y un laxante al mismo tiempo.
  2. Si tienes que identificar, en una sola palabra, el motivo por el que la raza humana no ha conseguido, ni conseguirá nunca, alcanzar su máximo potencial, es palabra podría ser 'reuniones'.
  3. La línea que separa 'hobby' de 'enfermedad mental' es muy delgada.
  4. La gente que quiere compartir sus creencias religiosas contigo a menudo no quiere que compartas las tuyas con ella.
  5. No debes confundir tu carrera profesional con tu vida.
  6. A nadie le importa si bailas bien. Simplemente levántate y baila.
  7. Nunca chupes un cuchillo para carne.
  8. La fuerza más destructiva del Universo es el rumor.
  9. Nunca encontrarás a nadie que te dé una explicación, sencilla y eficaz, de porqué cambiamos la hora en primavera e invierno.
  10. Nunca debes decir a una mujer nada que sugiera remotamente que está embarazada, a menos que veas a un niño emerger de ella en ese preciso momento.
  11. Hay un momento en el que dejarás de esperar que la gente prepare algo grande para tu cumpleaños. Ese momento es a los once años.
  12. La única cosa en común para todos los seres humanos, independientemente de su edad, sexo, religión, estatus económico o etnia es que, profundamente en su interior, TODOS se creen por encima del conductor medio.
  13. Una persona que es agradable contigo, pero desagradable con el camarero, no es una persona agradable. (Esto es muy importante. Presta atención. Nunca falla)
  14. Tus amigos te quieren de todos modos.
  15. Nunca tengas miedo de probar algo nuevo. Recuerda que un solo amateur creó el Arca. Y un gran grupo de profesionales, el Titanic.
  16. Pensamiento del día: los hombres son como el buen vino. Empiezan verdes como uvas, y es labor de las mujeres sacar de ellos algo aceptable para cenar.
Vía: Microsiervos

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Padre de Familia se despendola (y II)

Padre de Familia. Temporada 7. Capítulo 7. "Lois mata a Stewie"

Momentos estelares
00:13
Resumen de Ollie Williams.
01:40 El sireno. A partir de este punto el guión se desboca.
03:03 "... a los cacahuetes y a los judíos..."
03:55 La criada de Supermán.
04:40 EL BÚHO DE MACARRONES

07:09 "Joe, eres muy guay".
13:00 Desde que Stewie accede a la presidencia mundial hasta la pelea final, locura absoluta.

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Sudar, ese nicho de mercado

Creo que si me dejasen elegir entre sudar caca o sudar cualquier otra cosa, elegiría cualquier otra cosa, a no ser que, gracias a sudar caca, me hiciese millonario saliendo en la tele para después pagar a un buen cirujano del sudor para sudar sudor.

Tacho, visionario fecal.

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Padre de Familia se despendola (I)

A los que os guste la serie, váis a alucinar.

Padre de Familia. Temporada 7. Capítulo 6. "Stewie mata a Lois"

Momentos estelares
01:00 Peter escuchando a Lionel Richie.
06:15 La anécdota de Peter en el crucero.
07:55 ¡¡!!
08:30 Tropiezo de Stewie.
10:02 Las citas de Peter.
11:51 "Me voy a imaginar que sois los Knicks de Nueva York".
17:13 Recreación del señor Pewtersmitdt.


Mañana subo el desenlace... para que os hagáis una idea, se llama "Lois mata a Stewie".

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Algunos secretos sobre el nuevo diseño

Muchos lo queréis, muchos lo odiáis. Como si de una payasada de Karl Lagerfeld se tratase, el rediseño de DHB no ha dejado a nadie indiferente. A todos, justos y pecadores, os voy a contar un par de secretos sobre la nueva apariencia del blog.

La fuente del título se llama Farao Bold. Tiene copyright de Stormtype y es carísima. Yo, que suelo presumir de encontrar todo en Internet, tuve que pedir ayuda para conseguirla gratis. Una auténtica odisea, pero desde que la vi Grain Edit tuve claro que no podía ser otra. Como podéis comprobar en el enlace, no hice más que fusilar la idea cambiándole el color. Un color que, por cierto, saqué de las letras de un viejo juego de ordenador y le añadí un poco de negro. En un arranque de divismo creo llegué a referirme a él como "Verde Seattle". La cabecera se completa con una imagen de eBoy, un grupo alemán de artistas del píxel.

Y, efectivamente, este verde ha sustituido al púrpura como color principal. ¿Por qué? Como no podía ser de otra manera, el púrpura sigue presente en el blog, aunque más paliducho y menos abundante. El anterior blog me saturaba mucho la vista y en ocasiones me parecía estar leyendo sobre el papel de las paredes de una casa vieja. Ahora el color aparece donde tiene que hacerlo, ¡antes lo estábamos regalando! De este modo puse un fondo gris. Sin duda una influencia de un profesor/jefe mío, que siempre andaba liado con los #CECECE y los #DEDEDE. En su página web tenéis un amplio muestrario de ejemplos de uso del gris. He tirado de él también para algunas líneas y las columnas laterales.

Por cierto, muchos cuestionáis las virtudes de la doble columna en favor de una sola y anchísima. Y eso no es posible, porque partiríamos la página en dos y la gente no sabría por dónde empezar a leer. Sin embargo, dos columnas pequeñas aportan información independiente y horizontal; ahora lees más cosas sin tener que usar la rueda del ratón. La frasecita debajo de la cabecera ya tiene su trayectoria. Ha estado, de una u otra forma, desde la primera página web que hice, allá por 1999. ¡Es casi inherente a mi concepción del periodismo! El diseño se lo he ojeado a Microsiervos, aunque introduje la transparencia, añadí líneas y modifiqué los colores. El enlace a los temas del blog también ha cambiado de ubicación. Si hacéis memoria, en el antiguo diseño se accedía mediante unas pestañitas amarillas que discurrían por la banda izquierda del texto. Me parecía un agobio para el lector, que se veía acosado por la dichosas pestañas. Daba la sensación de que tenía especial interés porque las viéseis, como si fuese un anuncio porno. Así pues, en respeto a su inteligencia, las dejé en la franja superior del blog. Quietecitas. Quien quiera buscar por temas, sabrá dónde hacerlo.


De las etiquetas donde se ve la fecha estoy especialmente orgulloso. Las diseñé desde cero, y, por una vez, es de los modelos que más me gustan de cuantos he visto. Por último he de mencionar la tipografía, una materia que dispara el frikómetro entre los diseñadores gráficos del mundo. Después de años ligado a Trebuchet y su sofisticado encanto, me he rendido a Georgia. Como decía José Sacristán al principio de Roma: "Utiliza Georgia, que queda de puta madre". Pues eso, a todos los gusta leer las letras gordas de El País y odiamos las de El Mundo.

Con todo, creo que al final conseguí mi objetivo: no ser la página peor diseñada del mundo.

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Marta, ¿qué nos cantas?

Recuerdo aquel verano de 1990. Mientras los nuestros caían contra la Yugoslavia de Prosinecki y Spasic, dos fragatas españolas estaban empantanadas en el Golfo Pérsico por prescripción de la OTAN. En "misión de vigilancia" decían, aunque la verdad es que no hacían nada de nada. Pero nosotros nos sentíamos importantes; después de muchos años, nuestras tropas estaban presentes en un país exótico defendiendo la libertad. La libertad entendida en términos yankees, claro está. En esas que a Narcís Serra se le encendió la bombilla y encargó a Marta Sánchez, nuestra ibérica Marilyn, preparar una cancioncita para levantar el ánimo a los soldados.

Eran otros tiempos, todos éramos más ingenuos. Nuestros soldados eran jovencitos con sobredosis de Top Gun que se lo pasaban teta metidos en la fragata Numancia. Tampoco esperábamos nada especial de Marta, cuyas composiciones parecían el poema de un síndrome de down.

Así que Marta y sus "Olé, olé" se presentaron la nochebuena del 90 en el puerto de Abu Dabi para dedicar "Soldados del amor" a nuestros esforzados guerreros. No es broma, tuvo la poca vergüenza de llamar así al temita. La letra (transcrita bajo el vídeo) y la música terminaron por confirmar las sospechas de todos: se habían inventado la canción en el viaje. No obstante, la Sánchez cumplió con la escenografía, mostrando bien la pechuga embutida en cuero y con una coreografía decente... para la época.


Soldados del amor (1990)
Hey, ¡Únete a mi ritmo!
El ritmo del amor
[Esta parte me encanta, porque predispone para lo peor]
Tú y yo soldados sin batalla [Recordatorio a las tropas: "No tenéis ni batalla"]
Los dos manteniendo guardia [Recordatorio a las tropas: "Pero sí hacéis guardias, pringaos"]
Tú y yo protegiéndonos [De Saddam Hussein, el demonio de los españoles]
Los dos soldados del amor [Del amor, así, por decir algo. Soldados de la muerte no molaba tanto]
Cosas pasan en este juego
una partida perdida.
Caminamos dentro del fuego
otra granada
["¿La guerra? Pues granadas, soldados y pistolas, ¿no?"]
No sé cuánto tiempo pasaré sin tí
sin el poder que me das a mí [No sé que opinaría la Ministra de Igualdad sobre esto]
Entre nosotros no hay guerra ahora
vivimos al ritmo de un mismo tambor [Y de una misma corneta, no fastidies]
Tú y yo soldados sin batallar
Los dos manteniendo guardia
Tú y yo protegiéndonos
Los dos soldados del amor
Miras lejos y luego piensas
sobre las cosas que tienes [Recordatorio a las tropas: "Tenéis novia en España, no me miréis tan fijamente el entreteto"]
Cuerdas flojas eso es la vida
nos pasa siempre.
No debemos tratar de explicar
lo que se va nunca volverá [Aquí Marta se clava un off topic de escándalo, seguramente sacado de alguna otra canción]
Entre nosotros no hay guerra ahora
vivimos al ritmo de un mismo tambor
Tú y yo soldados sin batallar
Los dos manteniendo guardia
Tú y yo protegiéndonos
Los dos soldados del amor

Soldados... uuuuuh.... [Sí amigos, el "uuuuuh" vestía un montón en los 90]
Yo más fuerte
tú más fuerte
fuerte fuerte
todos juntos.
Yo más fuerte
tú más fuerte
fuerte fuerte
todo el mundo [Fragmento dedicado a la participación de los marineros que destaca por su compleja estructura basada en un viejo refrán cherokee]
(parte ininteligible)
Soldados
somos soldados
del amor
somos soldados del amor
Soldados
somos soldados
del amor
somos soldados del amor

Los dos
soldados sin batalla
manteniendo guardia
soldados...

"Hale chavalotes, una pajilla y a planchar la oreja" -dijo Sánchez tras la actuación

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Obama y el Sector Silencioso

En 1982, con medio país exaltado por la fiebre olímpica, el estado de California convocaba elecciones a Gobernador. A pocos días de las votaciones los sondeos indicaban una cómoda ventaja para el candidato demócrata, el alcalde de Los Ángeles Tom Bradley. Los californianos desconfiaban del republicano George Deukmeijan, criado en la costa este y cuyas principales iniciativas políticas se habían enfocado a la lucha contra la marihuana. Tan claros parecían los resultados de los comicios que el San Francisco Chronicle llegaría a titular: "La victoria de Bradley es casi un hecho". Durante la campaña, incluso en la jornada electoral, los sondeos nunca dejaron de sonreir a Bradley. Fue con el champán en la mano cuando los demócratas, estupefactos, toparon con los resultados oficiales: Deukmeijan gana.

La explicación llegó en una investigación posterior: Bradley era negro.

El error fue que los analistas demócratas tomaron la parte por el todo. Los Ángeles es una ciudad de cuatro millones de habitantes, muchos de ellos negros y latinos, que no se despeina por poner un afroamericano en el city hall. Pero California es mucho más. Fuera del área metropolitana de Los Ángeles viven treinta millones de ciudadanos ávidos por darse un bañito de modernidad en las encuestas pero que a menudo se muestran, en la intimidad, muy críticos con las "permisivas" leyes de inmigración federales. En términos reales, tiene más posibilidades de gobernar un infame actor austríaco que un descendiente de keniatas hecho a sí mismo.

Cada semana que pasa, cada nuevo sondeo, crece la incertidumbre en Obama. ¿Seguirá vigente el 'efecto Bradley'? Han pasado veintiséis años, pero muchos estados norteamericanos siguen poblados por ciudadanos incapaces de imaginar un negro en la Casa Blanca. Para un sector de la nación, de raíces puritanas y aferrado a la tradición, Obama jamás podrá apoyar el culo en una silla que una vez perteneció a George Washington. Son un porcentaje silencioso, que no expone sus convicciones más que a la hora de tachar la casilla del partido republicano. Cuando parece que no están, que ya se han extinguido, surgen masivamente de sus madrigueras para impedir que John Kerry destrone al hijo de Bush. Barack quiere parecerle blanco a los blancos y negro a los suyos. A los primeros les habla de Harvard y a los segundos de sus difíciles comienzos y sus experiencias con las drogas. Pero sabe que el Sector Silencioso es inmune al mensaje racial. Ellos no dudan sobre su color, negro, y recuerdan lo de las drogas y lo de sus amigos terroristas. Muchos incluso consideran que la muerte de Kennedy, ídolo de Obama, fue una lógica conclusión a sus políticas transgresoras.

El 4 de noviembre el Sector Silencioso acudirá, una vez más, a las urnas para sustentar la opción continuista. De la medida en que se movilicen, advierten los analistas, dependerá el color del próximo gobierno. Por lo que pueda venir, más le vale a Obama concienciar a su electorado de la importancia de ir a votar, porque en este bipartidismo descarnado cada papeleta cuenta. Que se lo digan a Gore.

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Olé, PSV

Desde ayer, la página web del PSV Eindhoven está traducida al español. Todo un detalle, señores.

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La Ciencia y tú | Inducción química al suicidio

Que nuestro planeta está lleno de parásitos es una afirmación sin derecho de réplica. Basta con acercarse a un ministerio para comprobar que es un modo de vida que, por placentero, cuenta con gran número de adeptos.

Sin embargo, no es una forma sencilla de sobrevivir. Los organismos parásitos han tenido que desarrollar diversas tretas biológicas para prosperar en un entorno hostil que les considera invasores y trata de expulsarles a toda costa. Esta es la cualidad que hace especialmente interesantes a estos seres vivos: como Mónica Naranjo, mutan y evolucionan constantemente sólo para vivir del cuento.

En este ámbito, los mecanismos de supervivencia de los Nematomorfos suponen un caso paradigmático en cuanto a sofisticación. Estos gusanos parásitos, que llegan a medir 50 cm., viven en charcas y pantanos. No disponen de ninguna característica que les permita enfrentarse a los depredadores del medio, por lo que su existencia bajo el agua siempre está amenazada. En consecuencia, los Nematomorfos en estado de larva esperan en la orilla a que algún insecto -normalmente grillos o saltamontes- se acerque a beber para introducirse en su organismo. Dentro del huésped obtienen alimento y protección, pero pierden la posibilidad de relacionarse con sus congéneres y, por lo tanto, limitan sus opciones de reproducción.

La solución que han ingeniado estos repugnantes seres dejaría estupefacto a Darwin. Y es que, alcanzada la madurez, los Nematomorfos segregan unas sustancias químicas que sabotean el sistema nervioso del hospedador con el fin de regresar al medio acuático. De este modo, el huésped (en el vídeo es un grillo) sufre la imperiosa necesidad de integrarse en un medio que no es el suyo y que automáticamente provocará su muerte. Cuando esto ha sucedido, el gusano abandona su 'mansión' y se embarca en la apasionante tarea que es la cópula.


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Marca, a la huelga

Argumentan que no hay otra salida, visto que Unidad Editorial (aka Pedro Jota) les ha "tratado de engañar en la negociación del convenio colectivo". Así, los trabajadores del periódico deportivo se sienten menospreciados desde la dirección, sobre todo cuando comparan sus condiciones laborales con las de sus colegas de El Mundo.

Hay dos parones más programados para los días 15 y 18 de este mismo mes. En el vídeo, Javier Romano, redactor especializado en natación y deportes sui generis, asegura que la jornada es un día "de orgullo para los trabajadores de Marca" mientras "unos pocos jefecillos están dentro, intentando sabotear nuestra huelga".

Por el momento no han conseguido evitar la salida del diario (que el día 12 estaba en los kioskos sin retraso) ni movilizar al personal de Marca.com, que, dicho sea de paso, está considerablemente peor remunerado que su homólogo de papel por un mismo trabajo.

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Culpables, millonarios e impunes

Incontestable análisis de Ramón Muñoz sobre el papel de los CEO en la crisis económica, publicado en la edición dominical de El País:

"Cuando nace un brahmán, nace superior a la Tierra entera, es señor de todas las criaturas, y tiene que guardar el secreto del dharma. Todo lo que existe en el mundo es propiedad privada del brahmán. Por la alta excelencia de su nacimiento, él tiene derecho a todo. Esto es, es él quien goza, quien viste, quien da a otros, y es a través de su gracia que otros gozan"
...se dice en el Libro de Manu. Las leyes de Manu están contenidas en un antiguo manuscrito hindú que estableció el sistema de castas en la India hace más de dos mil años. El brahmán es la casta superior. Sólo unos elegidos pueden pertenecer a la misma y, como dice la cita, gozan de todos los derechos y su única labor es instruir en el conocimiento del mundo al resto de castas (salvo a los parias o intocables, que no gozan de ningún derecho).

El capitalismo moderno ha emulado este sistema de castas. Sus brahmanes son los directivos y consejeros de las grandes corporaciones. Gozan de privilegios y prebendas por doquier: sueldos estratosféricos, planes de incentivos, vacaciones, jet privados y club de campo a costa de la empresa... Y no tienen casi ninguna responsabilidad. Si las acciones suben, ellos son los que más ganan gracias a los programas de opciones sobre acciones que premian la revalorización bursátil. Si la cotización se derrumba o incluso si las firmas quiebran y los accionistas pierden todo lo invertido, ellos también ganan. En caso de despido, cuentan con cláusulas que les aseguran indemnizaciones multimillonarias, conocidas como paracaídas de oro (golden parachute), de las que no disfrutan los trabajadores, los parias de este orden económico.

El derrumbe del sistema financiero internacional ha sacado a la luz estas colosales prerrogativas de los directivos cuya gestión ha abocado a la desaparición a firmas históricas como Lehman Brothers o Merrill Lynch. Sus arruinados accionistas y ahorradores o los trabajadores despedidos se preguntan por qué en lugar de ser reclamados por los juzgados, los ejecutivos han salido sin hacer ruido por la puerta de atrás y con las carteras llenas. Sólo las cinco mayores firmas financieras de Wall Street -Merrill Lynch, JP Morgan, Lehman Brothers, Bear Stearns y Citigroup- pagaron más de tres mil millones de dólares en los últimos cinco años a sus máximos ejecutivos, justo en el periodo en el que éstos se dedicaron a inflar las cuentas, empaquetando en fondos y otros activos opacos, préstamos incobrables que han derivado en la mayor crisis financiera de la historia.

Cuando el sistema se colapsó, las firmas siguieron siendo generosas con los causantes de la debacle. Stanley O'Neall se llevó a casa 161 millones de dólares cuando dejó Merrill Lynch; Charles Prince obtuvo 40 millones al dejar Citigroup, cifra similar a la que que obtuvo Richard S. Fuld, de Lehman.

El código marinero tampoco va con los CEO (chief excutive officer, siglas en inglés de consejero delegado). Si el barco se hunde, son los primeros en coger el salvavidas, un salvavidas de oro. La comisión de investigación de la Cámara de Representantes de Estados Unidos ha puesto al descubierto esta semana que la cúpula directiva de Lehman Brothers aprobó bonus por millones de dólares para los ejecutivos que salieran de la empresa mientras negociaban con las autoridades federales el rescate de la quiebra. Su consejero delegado, Richard Fuld, cuya actuación ha llevado a la desaparición del banco de inversión más veterano de Estados Unidos (fundado en 1850), ganaba 17.000 dólares a la hora.

Pese a ser reverenciados por diarios financieros como The Financial Times o The Wall Street Journal como prototipo de eficiencia y seriedad, su comportamiento caprichoso se asemeja más bien al de los divos del pop o los artistas de Hollywood. James Cayne, el máximo responsable de Bear Stearns, se marchó a un torneo de bridge mientras colapsaban dos fondos de inversión que provocaron finalmente la desaparición de la quinta entidad financiera de Estados Unidos. ¡Ni siquiera encendía el móvil!

Angelo Mozilo, responsable de la quiebra del banco hipotecario Countrywide, consideraba una inexplicable afrenta personal que el consejo de administración le pidiera explicaciones acerca de los viajes de su esposa en el jet privado de la compañía, que le pagó 360 millones de dólares en los últimos cinco años.

La cultura del jet es consustancial a los CEO. Martin Sullivan, consejero delegado de AIG hasta que la aseguradora fue rescatada de la quiebra con fondos públicos por la Administración de Bush, gastó el año pasado 322.000 dólares en viajes privados o de vacaciones en el reactor de la empresa. Su colega Stanley O'Neal, presidente de Merrill Lynch, cargó gastos de avión y coche para uso particular por 357.000 dólares en 2007. Abandonó la compañía, hoy en manos de Bank of America, tras sufrir las mayores pérdidas de su historia, en octubre del año pasado, llevándose 161 millones de dólares bajo el brazo.

La constitución de ese modelo de dirección de las grandes compañías que otorga plenos poderes y remuneraciones desmesuradas a un grupo limitado de ejecutivos, no sujetos a ningún control efectivo ni a responsabilidad por su gestión, no es reciente. Comenzó a fraguarse en los años ochenta y noventa, pero se ha consolidado completamente en lo que llevamos de siglo.

Los datos no dejan lugar a dudas sobre la desigualdad laboral en la que se mueven estos asalariados de oro:
En 1976, la remuneración media de los máximos ejecutivos de las corporaciones estadounidenses era 36 veces superior al sueldo medio de un trabajador de la empresa; en 1989, era 71 veces, y en 2007, cada directivo recibió 275 veces más que la retribución que sus trabajadores, según las cifras de The Institute for Policy Studies and United for a Fair Economy.
Este mismo informe revela que entre 1996 y 2006 las retribuciones de los consejeros delegados crecieron un 45%, cuando el sueldo medio del trabajador estadounidense aumentó sólo un 7%.

Lo más sangrante de ese abismo salarial entre gestores y gestionados es que los emolumentos de los directivos poco o nada tienen que ver en muchos casos con los resultados de la empresa que dirigen, a diferencia de lo que ocurre con los trabajadores que, ante la menor dificultad, sólo les queda el camino de la moderación salarial, cuando no directamente del despido.

El consejo de administración de General Motors acordó en marzo pasado elevar el sueldo del presidente de la compañía automovilística, Rick Wagoner, hasta 2,2 millones de dólares, la misma base salarial que tenía antes de 2006, cuando se le recortó el salario dentro del plan de ajuste de costes que puso en marcha la compañía. El consejo acordó también otorgarle bonus y opciones sobre acciones por más de 10 millones de dólares, pese a que la firma de Detroit presentó en 2007 las mayores pérdidas de su historia que motivaron un plan de recorte laboral que afectó a 74.000 empleados, que se irán a la calle sin bonus ni planes de opciones. A los accionistas no le van mejor las cosas. Los títulos alcanzaron esta semana el nivel de 1950.

En materia de despidos, Wagoner ha superado de lejos a su antecesor en el cargo, Roger Smith, a quien el controvertido director de cine Michael Moore le dedicó su documental Roger & me en 1989, cuando cerró la planta de GM de su localidad natal, Flint (Michigan), dejando en el paro a 30.000 trabajadores.

Moore, que a lo largo de toda la filmación intentó sin éxito hablar con Smith, tendría aún más difícil charlar con Wagoner. La casta superior del neocapitalismo, como los brahmanes indios, no tiene que dar cuentas a nadie: ni periodistas, ni jueces, ni gobiernos, ni accionistas, ni impositores, ni contribuyentes. Para tapar los agujeros que ha causado su desastrosa gestión, los Estados han anunciado planes de inyección de fondos públicos por más de un billón y medio de euros que, en último término, saldrán del bolsillo de los contribuyentes.

Pero si alguien piensa que, ante este derrumbe general de la economía, los CEO han entonado el mea culpa y optado por la austeridad, está muy equivocado. Los máximos directivos de AIG se fueron a pasar un fin de semana a Monarch Beach, un exclusivo hotel de California en el que las habitaciones valen 800 euros por noche, para celebrar que el Tesoro estadounidense les había salvado de la quiebra inyectando 85.000 millones de euros de fondos públicos. Según se puso de manifiesto esta semana en la Comisión de la Cámara de Representantes, los ejecutivos de la que fuera la mayor aseguradora estadounidense se gastaron más de 440.000 dólares, incluyendo "manicura, tratamientos faciales, pedicuras y masajes", a costa de los contribuyentes. "Es tan básico como el salario, ya que supone recompensar el trabajo", se justificó el portavoz de AIG, Nicholas Ashoo.

"Sólo cuando la marea se retira, sabes quién nadaba desnudo". Warren Buffet, el financiero estadounidense y el más rico del planeta, suele repetir esta frase para describir la ceguera de accionistas y reguladores respecto a los directivos que gobiernan las empresas a su antojo y con total opacidad, de forma que nadie pueda conocer hasta su marcha la verdadera situación de las cuentas.

El consejo de Washington Mutual, la entidad bancaria que llegó a liderar la concesión de hipotecas en Estados Unidos, modificó en febrero los planes de bonos para sus máximos directivos de forma que pudieran cobrar esos pluses sin tener en consideración el índice de impagados en el negocio hipotecario del banco cuando éste ya se había disparado hasta extremos inadmisibles. Dos meses después, la compañía era adquirida a precio de saldo por un grupo de fondos de inversión. Los directivos cobraron sus bonos al salir de la empresa, al tiempo que 3.000 empleados eran despedidos. El consejero delegado, Kerry Killinger, alegó que de 2006 a 2007 se había bajado el sueldo un 21% hasta los 14,4 millones de dólares.

Un consuelo escaso para los accionistas que habían visto esfumarse más de un 90% de su inversión y que, pese a sus pérdidas, tuvieron que abonar 20 millones de dólares al gran Killinger, causante de su ruina, cuando finalmente decidieron echarle en septiembre pasado. Jean-Paul Votron, consejero delegado de Fortis, cobró un 15% más en 2007. Se le premiaba así por la compra de ABN Amro por 72.000 millones de euros. El banco holandés resultó estar infectado por los activos basados en las hipotecas subprime y llevó a la quiebra a Fortis, que ha tenido que ser rescatado por los Estados de Bélgica, Luxemburgo y Holanda.

La comisión de investigación del Congreso también destapó que Fuld autorizó pagos de 20 millones de dólares a dos directivos de Lehman cuatro días antes de que la firma se declarara en bancarrota.

El experto Graef Cristal, que dirige una revista online dedicada a analizar las compensaciones de los ejecutivos, considera que el fenómeno de la crisis de las hipotecas subprime o basura se explica en gran parte por el sistema de remuneraciones instaurado por los bancos de inversión estadounidenses a sus ejecutivos, a quienes reparten el 50% de sus beneficios, más que ningún otro sector.

Los empleados de los mayores cinco bancos de inversión percibieron 66.000 millones de dólares en 2007, de ellos, 39.000 millones en bonus. Esta cifra arroja una retribución media de 353.089 dólares por empleado, según Bloomberg. Como su sueldo dependía directamente de lo que ganara la empresa, hincharon artificialmente las cuentas, comercializando piramidalmente fondos u otros instrumentos financieros respaldados por los ahora llamados activos tóxicos.
"En Wall Street como en Hollywood, los beneficios tienden a venir en grandes paquetes y todos quieren un trozo. Da igual que se trate de la película Caballero Oscuro (la última de Batman) o de una gran fusión, quien tiene el poder de llevar a la gente al cine o de cerrar un acuerdo puede ganar lo que quiera", dice Cristal.
Contra esta insultante impunidad se han alzado voces desde el ámbito ciudadano y sindical. Curiosamente, la reacción de los dirigentes políticos ha sido más bien tibia. El presidente George W. Bush, empujado por los congresistas del Partido Republicano que veían peligrar su escaño por el clamor popular, se vio forzado a aceptar que los directivos de las firmas rescatadas por su plan de 700.000 millones de euros renunciaran a recibir las indemnizaciones pactadas, propuesta que se incluyó en la reforma del plan tras ser rechazado por la Cámara de Representantes. Así ha sucedido en el caso de AIG, o las financieras inmobiliarias Fannie Mae y Freddie Mac, cuyos presidentes cesados no hicieron valer sus cláusulas de indemnización.

La Oficina Federal de Investigación (FBI) ha abierto una investigación en 26 empresas en busca de posibles irregularidades contables. Y en la Cámara de Representantes se ha constituido una comisión de investigación por la que están pasando los principales responsables del derrumbe.

En Europa, por el momento, sólo meras declaraciones. La canciller alemana Angela Merkel conminó a los directivos de Hypo Real Estate, rescatado de la bancarrota por un grupo de bancos y el Estado, a que respondan con su patrimonio personal. El Gobierno francés obligó a Axel Miller, consejero delegado del banco franco-belga Dexia, a renunciar a la indemnización de más de tres millones de euros que le correspondían según su contrato por dejar ese cargo. El presidente francés, Nicolas Sarkozy, puso como primera condición para participar en el rescate de la entidad financiera que ninguno de los directivos recibiera indemnizaciones extraordinarias.

Fuera de declaraciones admonitorias y la moralina para electores, ningún país ha anunciado cambios en la legislación para limitar los sueldos de los directivos o definir mejor sus responsabilidades en caso de quiebra.

Todos los intentos por limitar los emolumentos de los ejecutivos han resultado en vano. A mediados de los ochenta, hubo una fiebre de fusiones. Los reguladores advirtieron que muchas de esas operaciones no respondían a ninguna estrategia empresarial sino a las indemnizaciones que recibían los directivos que cerraban los acuerdos. Por eso, impusieron en Estados Unidos un impuesto sobre todas las indemnizaciones que excedieran tres veces el salario anual de los directivos. La única consecuencia fue que los ejecutivos cerraron cláusulas para que las compañías se hicieran cargo de esa tasa. En 1992, la Securities Exchange Commission (SEC), que vigila los mercados bursátiles en Estados Unidos, obligó a las empresas a informar de los emolumentos de sus directivos. No sólo no se avergonzaron de revelar sus ganancias anuales, sino que las han multiplicado por cuatro.

Un año después se intentó poner coto a los sueldos estratosféricos, limitando las deducciones fiscales a un millón de dólares. Se hizo una excepción para las recompensas no dinerarias. Como consecuencia se dispararon las remuneraciones en opciones sobre acciones. Y ya se ha convertido en una moda entre los presidentes de las corporaciones ganar un dólar al año. Los presidentes de

Los gobiernos piden sacrificios a ahorradores, accionistas yYahoo!, Apple y Google están en ese club. En 2006, ganaron sólo un dólar como salario base. ¡Y millones de dólares en opciones y bonos! trabajadores para salir al rescate de bancos y aseguradoras a costa de miles de millones de las arcas públicas. Y los culpables de este saqueo no sólo no son reclamados por la justicia, sino generosamente recompensados. Es como si a los asaltantes del tren de Glasgow les estuviera esperando el jefe de Scotland Yard en la estación de Londres para colgarles una medalla. Su botín fue de 60 millones de euros (al cambio actual) y se le llamó el robo del siglo. ¿Cómo llamaremos a las hazañas de los villanos de Wall Street?

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Ser español es un coñazo

A ver si encontráis las diferencias de matiz. Hace justo un año, Mariano Rajoy, número 1 del Partido Popular, grabó un vídeo institucional pidiendo a los españoles "celebrar de modo especial la fiesta nacional, por razones que todo el mundo conoce".


Trescientos sesenta y seis días después parece que Mariano ha perdido todo su ímpetu nacional. Este año no sólo ha prescindido de la arenga audiovisual, sino que además ahora ironiza con el "plan apasionante" que supone asistir al "coñazo del desfile" de las Fuerzas Armadas.

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